Se trata de Altus, la primera cooperativa de turismo de la región de Tarapacá que abarca desde el litoral costero hasta la cordillera y que apuesta a que los destinos turísticos se conviertan en espacios para que los estudiantes aprendan a partir del contacto con la cultura y la naturaleza.
Pero en la región de Tarapacá, una organización fue un poco más allá y propuso una novedosa iniciativa para utilizar el turismo como herramienta educativa que genere una experiencia enriquecedora en los jóvenes.
Se trata de Altus, la primera cooperativa de turismo de la zona que abarca desde el litoral costero hasta la cordillera y que apuesta a que los destinos turísticos se conviertan en espacios para que los estudiantes aprendan a partir del contacto con la cultura y la naturaleza.
Parque Nacional como sala de clases
“El objetivo es sacar al alumno de la sala clases y trasladarlo a otro ambiente pedagógico”, señala Felipe Henríquez, presidente de Altus. Y de esta manera, los lugares más atractivos e históricos de la región de Tarapacá pasaron a convertirse en una sala de clases para impartir las distintas asignaturas de la malla curricular.
Por ejemplo, en las antiguas oficinas salitreras de Humberstone y Santa Laura se hacen clases de historia, donde además le dan un ingenioso uso a la tecnología, ya que a cada estudiante se le entrega un mapa y con sus celulares pueden describir el lugar a través de códigos QR para recabar información y conocer su historia. “En vez de quitarles los dispositivos, le damos un nuevo uso”, indica Henríquez.
Asimismo, dentro de los recorridos se visita al Parque Nacional Volcán Isluga (Comuna de Colchane), que se encuentra a tres horas de Iquique.
En dicho lugar se realizan clases de geografía y física con los géiseres de Puchuldiza, un campo geotérmico donde se observa cómo el calor de la tierra lleva el agua subterránea hacía los 80 grados y la expulsa hacia la superficie. “Esto incluye experimentos para medir la temperatura con pirómetro, y cosas prácticas como poner un huevo y ver cómo se cocina en las aguas termales”, recalca el presidente de Altus.
La cooperativa tiene recorridos para todos los niveles, desde la educación básica hasta la educación superior. Ya trabajaron con tres colegios y con una Universidad de Washington (Estados Unidos).
Una de los establecimientos que contrató los servicios de Altus fue el Colegio Nimara. Angélica Álvarez, profesora que organizó la salida, cuenta que los estudiantes visitaron la comuna de Colchane para que conocieran el altiplano. “Nos dio mucha confianza trabajar con ellos y el servicio era de primera calidad. Al ser un lugar en altura nos pudieron brindar seguridad y en cada parada relataban la historia de la zona, su fauna y además les explicaban a los alumnos cómo hacer trekking. También nos apoyaron en la logística”.
Propuesta innovadora
Henríquez señala que la cooperativa presenta su propuesta de turismo educativo a los establecimientos públicos y que estos pueden realizar sus circuitos turísticos con los fondos del programa de Subvención Estudiantil Preferencial que entrega el Ministerio de Educación.
“Las escuelas públicas tienen la oportunidad de canalizar estos fondos que les entrega el Mineduc que buscan mejorar la convivencia estudiantil y la metodología del aprendizaje y donde proponemos que se puede realizar una buena pedagogía en base a nuestros circuitos, que son acordes a la malla curricular del Mineduc”, indica
De esta manera, el representante de la cooperativa dice que impulsaron esta iniciativa al ver que colegios privados tenían más recursos para realizar estas actividades. “Pensamos que los establecimientos públicos también merecen esa oportunidad de poder aprender a partir de experiencias. Entonces empezamos a ver cómo se podían trasladar las clases de las aulas al terreno, que es un impacto cultural muy distinto”, dice.
La alternativa turística de Altus
La Cooperativa Altus reúne a un grupo de emprendedores locales de la provincia del Tamarugal. Cada uno tiene su propio enfoque turístico, desde los que arriendan bicicletas hasta quien hace los circuitos educativos. Pero lo que tienen en común es que las utilidades se reparten por igual.
“En un momento decidimos conformarnos en una figura dado que no teníamos representatividad por cada uno. Averiguamos que una cooperativa era la mejor opción y a partir de ahí nos empezamos a asesorar, ya que para todos era algo nuevo”, dice Henríquez.
Uno de los recorridos más populares de Altus es la visita al Parque Nacional Volcán Isluga. Este recorrido empieza a las 5 de la mañana hasta las 21 horas. Además de los géiseres de Puchuldiza, se visita la laguna de Arabilla, la iglesia de Isluga, las termas de Enquelga y el Valle de la Felicidad, un conjunto de rocas de color rojizo conocidas por sus particulares formas.
También ofrecen otras alternativas, como un servicio de ciclo-turismo, que incluye descenso en bicicleta, sandboard y trekking; un turismo más convencional que recorre distintos sectores de la región; y también un turismo altiplánico, donde se desarrollan actividades con las comunidades aimaras.





En ese sentido, desde Cooprel señalan que para las zonas rurales “no contar con el suministro eléctrico que históricamente les han brindado las cooperativas eléctricas, les hubiera significado un impacto social y económico catastrófico, ya que sólo se habrían podido desarrollar actividades de subsistencia”.
Esto consiste en una inmersión en territorio mapuche donde los visitantes participan en las actividades diarias de las comunidades incluyendo visitar a la Machi de la zona. Asimismo, otras alternativas son la navegación en bote o kayak por el lago, cabalgata, artesanía en cestería y un baño en tinajas con yerbas medicinales, donde un guía relata la cosmovisión mapuche.
En el caso de Luis Quintana, que ofrece estadía en su cabaña a la orilla del lago, la cooperativa permitió que aumentara la difusión de este destino turístico a través de redes sociales y aplicaciones como Booking y Airbnb.
Con todas estas complejidades, ¿por qué se sigue produciendo en la zona más austral del mundo? Antecao dice que el clima también trae una recompensa: Las condiciones adversas permiten que se desarrolle una fruta y verdura mucho más aromática y sabrosa.“Por ejemplo, la frutilla en el norte no es muy buena, pero aquí es sabrosa y dulce”, añade.
“Habíamos estado pegados en los 35 mil kilos, pero logramos superarnos con una mayor planificación y porque mejoraron los compromisos de los socios. Tratamos de motivarlos y hacerlos entender que la cooperativa es una empresa de ellos y que pueden conseguir semillas de buena calidad, insumos que si no fueran socios no tendrían”, indica.
Y es que si bien antiguamente esta fruta se usaba para el lavado de pelo o para el consumo de animales de secano, un grupo de agricultores de la Provincia de Limarí utilizan la rumpa para hacer pulpas, mermeladas y jugos que se ofrecen a distintos mercados, donde también se sirve como cóctel en bares y restaurantes, incluso como productos de repostería.
Este grupo de personas trabaja en la elaboración de alimentos en base a este fruto del copao, donde fueron capacitados por el Instituto de Investigaciones Agropecuarias (INIA), la principal institución de investigación agropecuaria de Chile que busca contribuir al desarrollo de pequeños productores.
Luis Gallardo, gerente general de Rumpacoop, señala que uno de sus principales objetivos es “poder incrementar nuestros ingresos. La mayoría de los socios son pequeños agricultores que con la sequía nos vemos totalmente afectados, por lo que esto nos permite trabajar con la fruta y darle un valor agregado”.


