
Entre los anuncios realizados por el Presidente en la Cuenta Pública, uno de los más relevantes para el desarrollo productivo del país fue la futura Ley de Transferencia de Tecnología y Conocimiento. La iniciativa busca enfrentar un desafío que Chile arrastra desde hace años: transformar el conocimiento generado en universidades, centros de investigación y espacios de innovación en soluciones que impulsen la productividad, emprendimiento, empleo y bienestar.
Ahora, la transferencia tecnológica no será exitosa si se limita a conectar laboratorios con empresas. Su impacto debe medirse por su capacidad para igualar las oportunidades de acceso a la información y extender los beneficios de la innovación más allá de los circuitos tradicionales.
Es ahí donde las cooperativas ya desempeñan un gran papel. Con presencia en las 16 regiones del país, más de dos millones de socios y una participación en sectores como la agricultura, la producción agroalimentaria, la electrificación rural, el agua potable, los servicios financieros, la vivienda y múltiples actividades productivas, el modelo empresarial cooperativo constituye una de las redes más extensas del país para acercar innovación a comunidades y territorios.
Además, esta experiencia no es nueva para nuestro sector empresarial, durante años, las cooperativas hemos impulsado iniciativas junto a universidades, centros de formación y organismos especializados para fortalecer capacidades de gestión, productividad, investigación aplicada e innovación. La colaboración entre conocimiento y desarrollo territorial forma parte del corazón cooperativo.
¿Chile necesita más innovación? Sí, y también necesita que esa innovación llegue más lejos. El verdadero éxito de la política recaerá en su capacidad para generar oportunidades, fortalecer comunidades y mejorar la calidad de vida de las personas.
Presidente de la Asociación Nacional de Cooperativas de Chile, Mauricio Rojas Lagos



